Una joven posa para una fotografia en frente de unas plantas.

Michelle Aguilar Ramirez posa para un retrato en South Seattle, Washington, 18 de mayo de 2020.

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Jovelle Tamayo/The World

Este artículo, publicado originalmente en Inglés, es parte de nuestra serie "Every 30 Seconds" , "Cada 30 Segundos", producida con el apoyo de la Corporation for Public Broadcasting

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Michelle Aguilar Ramirez, que cumple 18 años este mes, recuerda que la primera vez que escuchó hablar del cambio climático fue en octavo grado, de su profesor de ciencias, el Sr. Flanders, en el sur de Seattle. En esa ocasión, “alguien habló de las olas de calor y, luego, de los incendios en California. Se convirtió en todo un debate dentro de la sala. Algunos decían que eso existía y otros, que no. Y había otros, como yo, que decíamos ¿qué es eso?'", relata la joven.

A partir de ese momento, Aguilar Ramirez empezó a averiguar qué dice la ciencia al respecto y qué podía hacer para reducir su huella de carbono. Comenzó por comer menos carne. Luego, logró que su madre y su familia usaran menos plástico, mediante la reutilización de envases de vidrio y plástico. Al respecto, nos cuenta que “mi mamá siempre reclama porque tengo todos estos frascos y que no sé qué estoy haciendo con ellos, pero después la veo usando uno de ellos para guardar su salsa”, mientras sostiene otro frasco que alguna vez tuvo salsa de tomates, pero que ahora contiene sus pinceles de maquillaje.

Es así como el tema ha venido moldeando la forma en que piensa, la forma en que vive y la forma en que votará en noviembre.

La importancia que Aguilar Ramirez le otorga al cambio climático es típico de su generación. Más de la mitad de la generación Z, que incluye a los adolescentes y jóvenes de hasta 20 años, cree que el cambio climático está vinculado a la actividad humana, según un estudio de 2018 del Centro de Investigación Pew .  Esta creencia es sostenida incluso por los republicanos de esta generación.

Los millennials, por su parte, piensan de la misma forma, pero el porcentaje disminuye en las generaciones mayores: la generación X (que sigue a la generación del baby boom), los baby boomers y la generación silenciosa (nacidos antes de los boomers) son más propensas a decir que el cambio climático se debe a patrones naturales o que no hay evidencia de que la Tierra se esté calentando.

Por otro lado, Pew muestra en otro informe que los latinos en general también son más propensos a pensar que el cambio climático está vinculado a la actividad humana, más que sus contrapartes blancas o negras.

Estas tendencias, junto con el hecho de que uno de cada cuatro miembros de la generación Z es hispano, abrieron paso a que los jóvenes latinos sean el grupo demográfico clave en el liderazgo del activismo climático, en términos tanto políticos como domésticos, ya que sus casas “se han convertido en el lugar en el que enseñan a sus padres cómo reciclar, lo que se visualiza como una base de conocimientos e involucramiento”, señala Micaela Razo, organizadora del Fondo Comunitario Latino del Estado de Washington.

El trabajo liderado por Razo tiene como objetivo involucrar a los latinos en temas de justicia ambiental en Yakima, Washington, donde aproximadamente la mitad de la población es hispana. Se trata de un trabajo especialmente significativo si se considera que los latinos y las comunidades de color están intrínsecamente vinculados a los problemas del cambio climático. Es el caso de los trabajadores agrícolas que lidian con la mala calidad del aire debido a incendios forestales masivos o los citadinos que enfrentan las altas temperaturas en las ciudades debido al “efecto isla de calor”. Así, las comunidades de color suelen ser las primeras en ser golpeadas y sufrir los peores efectos de estos fenómenos.

Una evidencia de ellos es el Mapa de Desigualdades en Salud Ambiental de Washington, publicado el año pasado por un grupo de organizaciones. Este documento identifica los peligros ambientales del territorio, los superpone a las desigualdades sociales y luego, en una escala de 1 a 10, califica a los condados. La categoría de mayor valor corresponde al nivel de prioridad más alto.

Aguilar Ramirez, la joven guatemalteca-estadounidense de primera generación que vive en el sur de Seattle, vive en un vecindario cuya calificación en el mapa es un nueve. Esto se debe al alto número de personas de ingresos bajos y grandes emisiones de diésel, junto con otros factores que contribuyen a un mayor riesgo general para la salud ambiental.

Según el análisis de Razo, este tipo de información motivará a los jóvenes a involucrarse en el activismo climático, especialmente al ver cómo el clima afecta a sus padres y a la comunidad.

“Vemos un movimiento más ahora que antes. Estoy empezando a ver que más jóvenes y más mujeres latinas están comprometidas y dicen: 'Esto realmente nos está afectando'”.

Micaela Razo, organizadora, Fondo Comunitario Latino del Estado de Washington

“Vemos un movimiento más ahora que antes", dijo. "Estoy empezando a ver que más jóvenes y más mujeres latinas están comprometidas y dicen: 'Esto realmente nos está afectando'”.

Un ejemplo que ilustra esta percepción es el de Ana Sánchez Medina, latina de 17 años de White Center, en las afueras de Seattle. Ella cuenta que presionó a sus padres para que hablaran más sobre el cambio climático, ya que “es algo que existe porque yo hago que exista”, dijo. Y si bien señala que sus padres son políticamente progresistas, no ven la urgencia tanto como ella.

A Sánchez Medina le gustaría ver a los candidatos presidenciales comprometerse en iniciativas similares al Green New Deal, un proyecto de ley que fue rechazado por el Congreso el año pasado pero que habría reformado gran parte de las estructuras económicas y sociales de Estados Unidos para combatir el cambio climático.

Ana recuerda su participación el año pasado en la protesta climática global, que se considera la acción climática más grande de la historia, cuando se unieron tanto jóvenes como adultos en las calles de Seattle. Al respecto, sus reflexiones la llevan a pensar que “es realmente inspirador ver cómo los jóvenes han organizado y apoyado eventos como ese, lo que indica cuán lejos la gente está dispuesta a llevar la pelea".

Para Razo, “somos parte de la Tierra, tenemos que entender que somos parte de ella para poder curarla y salvar las cosas que están frente a nosotros”. Para ella, la participación de los jóvenes es vital. Especialmente ahora, a medida que se acercan las elecciones presidenciales, en que los latinos que votan por primera vez, como Aguilar Ramírez, están buscando un candidato que impulse políticas e inversiones en energía limpia o enfrente el aumento de los niveles del mar.

Aguilar Ramírez, por su parte, teniendo en consideración las cuestiones ambientales, ha dicho que votará por el candidato demócrata Joe Biden, a pesar de no estar particularmente entusiasmada con él, pero espera que más personas se comprometan con la acción climática. "Siento que la Tierra intenta enviar señales para que nosotros hagamos un cambio, pero seguimos ignorándolas", concluye.

Traducción al español por Melissa Harkin y Mónica Ramírez.

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